La tarde era hermosa, aún no podía comprender la sensación que tenía mi alma, recostado sobre la alfombra veía la pared que tanto me gustaba, y así se fueron pasando las horas hasta llegar la noche, sentía que la tristeza me invadía llevándome prisionero, pero sabía que no había otra oportunidad, era ya y ahora, me desharía de ella y de sus cadenas, llevándola sin piedad a la ruina y el delirio del amor.
Cuando la luz se ocultaba mi mente se apoderaba de mí, el dolor yacía en mi corazón como un intruso y mis venas ardían hasta querer explotar en mil pedazos, ya no podía más, atrevido y entusiasmado mire mi cara en un espejo, note lo cansado de mi rostro y la sonrisa apagada de mis labios, tenia mucho miedo pero no podía permitir que el orgullo, el odio y el rencor destruyeran mi alma, sola e indefensa.
Indignado, me puse a pensar las posibilidades, tome el teléfono y decidí llama a aquella mujer que me atormentaba, le jure que nunca le había mentido, que siempre le había amado fielmente y que lo seguiría haciendo aún en la muerte. Mis ojos no soportaron más y comenzaron a llorar, como si fuera un niño estúpido y obstinado, intente decirle que mi corazón clamaba a gritos justicia y que ella lo pagaría, pero no me escucho...
Mi último deseo era ese, morir a su lado, no quería un minuto más en este mundo imbécil y sin sentido, además, yo era el único que la merecía y nadie más la obtendría sino yo.
Tome un taxi y me dirigí a su casa, entre a su cuarto, la drogue deleite su cuerpo, le ate una soga y luego deje que su alma colgara de aquella ventana al mismo tiempo que la mía volaba a su lado, tomados de la mano, mire la luna, cerré mis ojos y espere que la muerte concretara lo que me había prometido, ser feliz a su lado...
BASADO EN LA REALIDAD