sábado, 9 de febrero de 2013

ALGO


La tarde era hermosa, aún no podía comprender la sensación que tenía mi alma, recostado sobre la alfombra veía la pared que tanto me gustaba, y así se fueron pasando las horas hasta llegar la noche, sentía que la tristeza me invadía llevándome prisionero, pero sabía que no había otra oportunidad, era ya y ahora, me desharía de ella y de sus cadenas, llevándola sin piedad a la ruina y el delirio del amor.


Cuando la luz se ocultaba mi mente se apoderaba de mí, el dolor yacía en mi corazón como un intruso y mis venas ardían hasta querer explotar en mil pedazos, ya no podía más, atrevido y entusiasmado mire mi cara en un espejo, note lo cansado de mi rostro y la sonrisa apagada de mis labios, tenia mucho miedo pero no podía permitir que el orgullo, el odio y el rencor destruyeran mi alma, sola e indefensa.


Indignado, me puse a pensar las posibilidades, tome el teléfono y decidí llama a aquella mujer que me atormentaba, le jure que nunca le había mentido, que siempre le había amado fielmente y que lo seguiría haciendo aún en la muerte. Mis ojos no soportaron más y comenzaron a llorar, como si fuera un niño estúpido y obstinado, intente decirle que mi corazón clamaba a gritos justicia y que ella lo pagaría, pero no me escucho...


Mi último deseo era ese, morir a su lado, no quería un minuto más en este mundo imbécil y sin sentido, además, yo era el único que la merecía y nadie más la obtendría sino yo.

Tome un taxi y me dirigí a su casa, entre a su cuarto, la drogue deleite su cuerpo, le ate una soga y luego deje que su alma colgara de aquella ventana al mismo tiempo que la mía volaba a su lado, tomados de la mano, mire la luna, cerré mis ojos y espere que la muerte concretara lo que me había prometido, ser feliz a su lado...




BASADO EN LA REALIDAD

LA NADA

Lo sé, había perdido la noción del tiempo, mire sus labios con delicadeza, su cara perfecta a la luz del sol, la pureza de su alma, sus ojos brillantes y su pelo rizado, hacía de ella la fuente de mis pasiones, debilidades y el delirio continuo de mi alma sedienta. La había contemplado desde hace horas, desnuda a la luz del día, había mirado su cuerpo esbelto y perfecto, sentía que cada minuto que pasaba acrecentaba más mi amor por ella, la amaba con todas mis fuerzas, sabía que yo había nacido para ella y ella para mí, éramos uno solo cuando estábamos juntos, no podía dejarla, era mi vida, era mi alma, era mi cuerpo, era mi droga, mis sueños y mis más profundas ilusiones. 

Me acerque a ella para darle un dulce y placentero beso, pero no se movió, entonces mi mayor temor había empezado a tomar fuerza, me percate de lo cansada que la vi la noche anterior, nos habíamos complacido mutuamente pero el capricho había sido mío. Toque su muñeca para ver su pulso, pero no respondió, no importaba, ella estaba allí y no la dejaría ir, su cuerpo me pertenecía, dispuesto a todo me acosté junto a ella, la abrace, cerré los ojos e ilusamente espere a que despertará…