sábado, 9 de febrero de 2013

LA NADA

Lo sé, había perdido la noción del tiempo, mire sus labios con delicadeza, su cara perfecta a la luz del sol, la pureza de su alma, sus ojos brillantes y su pelo rizado, hacía de ella la fuente de mis pasiones, debilidades y el delirio continuo de mi alma sedienta. La había contemplado desde hace horas, desnuda a la luz del día, había mirado su cuerpo esbelto y perfecto, sentía que cada minuto que pasaba acrecentaba más mi amor por ella, la amaba con todas mis fuerzas, sabía que yo había nacido para ella y ella para mí, éramos uno solo cuando estábamos juntos, no podía dejarla, era mi vida, era mi alma, era mi cuerpo, era mi droga, mis sueños y mis más profundas ilusiones. 

Me acerque a ella para darle un dulce y placentero beso, pero no se movió, entonces mi mayor temor había empezado a tomar fuerza, me percate de lo cansada que la vi la noche anterior, nos habíamos complacido mutuamente pero el capricho había sido mío. Toque su muñeca para ver su pulso, pero no respondió, no importaba, ella estaba allí y no la dejaría ir, su cuerpo me pertenecía, dispuesto a todo me acosté junto a ella, la abrace, cerré los ojos e ilusamente espere a que despertará…






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